¿Por qué algunas personas se quejan mucho de su memoria y otras casi nunca?

una señora mayor sonríe mientras ve fotografías

Las personas no siempre perciben su memoria de la misma manera. Algunas comentan con frecuencia que olvidan cosas, pierden objetos o tienen dificultades para recordar nombres. Otras, en cambio, apenas expresan preocupación por su memoria, incluso cuando pueden experimentar cambios similares. Entonces, ¿por qué algunas personas se quejan mucho de su memoria y otras casi nunca?

La respuesta no depende únicamente de cómo funciona objetivamente la memoria. Las llamadas quejas subjetivas de memoria hacen referencia a la percepción que tiene una persona de que su memoria o sus capacidades cognitivas han empeorado. Esta percepción puede estar relacionada con el funcionamiento cognitivo, pero también con factores emocionales y con la forma en que cada persona interpreta sus propios olvidos.

No todas las quejas de memoria significan lo mismo

Decir «tengo mala memoria» puede describir experiencias muy diferentes. Una persona puede olvidar con frecuencia dónde ha dejado las llaves. Otra puede necesitar más tiempo para recordar un nombre. Alguien puede tener dificultades para concentrarse durante una conversación y después interpretar que «ha olvidado» lo que se habló.

Por eso, una queja subjetiva no permite determinar por sí sola si existe un deterioro cognitivo. La investigación muestra que la relación entre las quejas subjetivas y el rendimiento obtenido en pruebas cognitivas es variable.

Esto no significa que las quejas deban ignorarse. Al contrario, la percepción de la propia persona es una información relevante que puede ayudar a detectar cambios y decidir si es necesario realizar una valoración profesional.

La preocupación puede hacer que prestemos más atención a nuestros olvidos

Uno de los factores que puede influir es la preocupación por la propia memoria. Cuando una persona empieza a pensar que su memoria está empeorando, puede prestar mucha más atención a cada pequeño olvido. Un nombre que antes habría pasado desapercibido puede convertirse ahora en una señal de alarma.

Esto puede generar un círculo: He olvidado algo → me preocupa mi memoria → estoy más pendiente de mis olvidos → detecto más fallos → me preocupa todavía más. Por eso, dos personas con experiencias cognitivas similares pueden valorar su memoria de manera muy diferente.

El estado de ánimo también puede influir

Las quejas subjetivas de memoria también se han relacionado con factores emocionales. Diversos estudios han encontrado asociaciones entre estas quejas y síntomas de depresión y ansiedad.

Esto tiene sentido si pensamos en lo que ocurre cuando una persona está preocupada, triste o sometida a estrés. Mantener la atención, organizar información o concentrarse puede resultar más difícil y, como consecuencia, determinadas situaciones cotidianas pueden percibirse como fallos de memoria.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento también señala que la ansiedad, la depresión, el estrés y los problemas de sueño pueden afectar a la memoria y al funcionamiento cognitivo.

También influye cómo recordamos nuestra propia memoria

Nuestra percepción no es una medición objetiva. Muchas personas comparan su funcionamiento actual con el de años anteriores: «antes recordaba todos los nombres», «antes podía hacer varias cosas a la vez» o «antes no necesitaba apuntar nada».

Pero recordar cómo funcionábamos en el pasado también está sujeto a nuestra propia percepción. Además, las demandas de la vida cotidiana cambian con el tiempo y pueden hacer más visibles determinadas dificultades.

Por eso, cuando se evalúa una queja de memoria, es importante observar qué ha cambiado exactamente, desde cuándo, en qué situaciones ocurre y hasta qué punto afecta a la vida cotidiana.

¿Y qué ocurre con las personas que apenas se quejan?

Que una persona no manifieste preocupación por su memoria tampoco significa necesariamente que su funcionamiento cognitivo sea perfecto.

La percepción de los propios cambios puede variar entre individuos. De hecho, la investigación sobre deterioro cognitivo subjetivo señala que la intensidad de las quejas no siempre refleja directamente el nivel de rendimiento objetivo.

Por eso, cuando existen dudas, puede ser útil combinar diferentes fuentes de información: lo que percibe la propia persona, lo que observan familiares o personas cercanas y, cuando corresponde, una valoración profesional.

Quejarse mucho no significa tener demencia

Tener muchas quejas subjetivas de memoria no equivale a tener demencia. Los olvidos ocasionales pueden formar parte del envejecimiento normal y existen numerosos factores que pueden influir en la memoria. Al mismo tiempo, determinados cambios persistentes o que empiezan a interferir con actividades cotidianas sí pueden justificar una valoración profesional.

Por ejemplo, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento recomienda consultar cuando aparecen cambios importantes en la memoria o dificultades que afectan a actividades habituales, como seguir instrucciones, orientarse en lugares conocidos o desenvolverse de manera independiente.

Escuchar la queja también es parte de evaluar la memoria

Las quejas subjetivas de memoria no deberían considerarse simplemente «cosas de la edad» ni interpretarse automáticamente como una señal de enfermedad. Son una experiencia que merece ser escuchada y contextualizada.

Comprender por qué una persona siente que su memoria está fallando permite plantear una evaluación más completa y, cuando es necesario, identificar qué áreas cognitivas pueden beneficiarse de una intervención.

En este sentido, Gradior Estimulación Cognitiva ofrece herramientas de apoyo para la evaluación, estimulación y rehabilitación neuropsicológica, permitiendo trabajar diferentes funciones cognitivas de manera adaptada a las características y necesidades de cada persona.

Porque cuando alguien dice «siento que mi memoria ya no es la misma», la respuesta no debería ser ni ignorarlo ni asumir directamente que existe un deterioro. Lo importante es entender qué está ocurriendo.



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