Cuando una tarea sencilla deja de serlo después de un daño cerebral

imagen de una placa cerebral

Lo cotidiano también puede convertirse en un reto

Después de un daño cerebral (DC), algunas personas pueden experimentar dificultades para realizar actividades que antes formaban parte de su rutina sin necesidad de pensar demasiado en ellas.

Preparar el desayuno, hacer la compra, utilizar el teléfono móvil, organizar una cita o seguir una receta pueden parecer tareas sencillas. Sin embargo, muchas de estas actividades requieren poner en marcha varias capacidades cognitivas, físicas y funcionales al mismo tiempo.

Por eso, una persona puede conservar determinadas capacidades y, aun así, necesitar apoyo para realizar actividades cotidianas que anteriormente hacía de manera autónoma.

¿Por qué una tarea sencilla puede resultar complicada?

Las actividades de la vida diaria suelen estar formadas por muchos pasos. Aunque no seamos conscientes de ello, nuestro cerebro necesita planificar, recordar información, mantener la atención, tomar decisiones y adaptar nuestra conducta mientras las realizamos.

Después de un DC, algunas de estas capacidades pueden verse afectadas.

Por ejemplo, preparar una comida puede implicar:

  1. Decidir qué preparar.
  2. Recordar los ingredientes necesarios.
  3. Buscar los utensilios.
  4. Organizar los pasos.
  5. Mantener la atención mientras se cocina.
  6. Controlar el tiempo.
  7. Detectar y corregir posibles errores.
  8. Recoger después.

Una dificultad en cualquiera de estos procesos puede hacer que la actividad resulte mucho más exigente.

Cuando el problema no es saber qué hacer

Una de las situaciones que puede resultar más difíciles de comprender es que una persona sepa cómo realizar una tarea y, sin embargo, tenga problemas para llevarla a cabo.

Puede conocer los pasos necesarios, pero tener dificultades para:

  • Empezar la actividad.
  • Organizar los pasos.
  • Mantener el objetivo.
  • Cambiar de estrategia si algo no funciona.
  • Gestionar varias demandas a la vez.
  • Detectar errores.
  • Terminar la tarea.

Estas dificultades pueden estar relacionadas con las funciones ejecutivas, un conjunto de procesos cognitivos implicados en la planificación, organización, toma de decisiones y control de la conducta.

La atención también forma parte de las actividades cotidianas

Muchas tareas requieren mantener la atención durante un determinado periodo de tiempo. Hacer la compra, por ejemplo, implica localizar productos, comparar opciones, recordar qué necesitamos y controlar lo que llevamos en el carrito. En un supermercado, además, hay ruido, personas, carteles y numerosos estímulos que pueden competir por nuestra atención. Después de un daño cerebral, gestionar toda esta información puede resultar más difícil. Por eso, una actividad que antes se realizaba rápidamente puede requerir más tiempo, concentración y esfuerzo.

La memoria no es lo único que puede verse afectado

Cuando se habla de rehabilitación cognitiva después de un daño cerebral, es habitual pensar principalmente en la memoria. Sin embargo, las actividades cotidianas dependen de muchas otras capacidades. También pueden estar implicadas:

  • Atención: mantener el foco en la tarea.
  • Funciones ejecutivas: planificar y organizar los pasos.
  • Velocidad de procesamiento: comprender y responder a la información.
  • Orientación: saber dónde estamos y qué debemos hacer.
  • Lenguaje: comprender instrucciones y comunicarnos.
  • Percepción: interpretar correctamente los estímulos.
  • Memoria: recordar información y procedimientos.

Por eso, valorar únicamente si una persona «recuerda» o «no recuerda» no ofrece una visión completa de cómo funciona en su vida diaria.

Cuando varias tareas a la vez se convierten en demasiadas

Otra dificultad frecuente puede aparecer cuando una actividad exige atender simultáneamente a diferentes cosas. Por ejemplo, preparar la comida mientras se escucha una conversación y se controla el tiempo puede ser mucho más exigente después de un daño cerebral. La persona puede realizar cada actividad por separado, pero tener dificultades cuando debe combinarlas. En estos casos, reducir las demandas simultáneas, estructurar la actividad y proporcionar instrucciones claras puede facilitar la participación.

El esfuerzo invisible de las actividades cotidianas

También es importante tener en cuenta la fatiga cognitiva. Una persona puede completar una actividad correctamente y, sin embargo, necesitar mucho más esfuerzo para hacerlo que antes del daño cerebral. Como consecuencia, puede terminar cansada después de tareas que aparentemente no requieren un gran esfuerzo físico. Esto puede hacer que su rendimiento varíe a lo largo del día y que necesite descansos o más tiempo para completar determinadas actividades.

La fatiga, las dificultades de atención, memoria y otras alteraciones cognitivas pueden aparecer después de un TCE y otros tipos de daño cerebral.

Adaptar la actividad también es intervenir

Cuando una persona presenta dificultades para realizar una actividad cotidiana, el objetivo no siempre consiste en hacer la tarea por ella. En muchos casos, puede ser más útil adaptar la actividad para facilitar que participe en ella.

Algunas estrategias pueden ser:

  • Dividir una tarea compleja en pasos sencillos.
  • Dar una instrucción cada vez.
  • Utilizar apoyos visuales.
  • Mantener determinados objetos siempre en el mismo lugar.
  • Reducir estímulos innecesarios.
  • Dar más tiempo para responder.
  • Introducir descansos.
  • Permitir que la persona tome decisiones dentro de sus posibilidades.

El tipo de apoyo debe adaptarse siempre a las capacidades y necesidades de cada persona.

La autonomía no significa hacerlo todo sin ayuda

Uno de los objetivos de la rehabilitación es favorecer la autonomía, pero esto no significa necesariamente que la persona tenga que realizar todas las actividades completamente sola. La autonomía también implica poder participar, tomar decisiones y mantener el mayor control posible sobre la propia vida. Por ejemplo, una persona puede necesitar ayuda para preparar una comida, pero ser capaz de decidir qué quiere comer, identificar los ingredientes o realizar determinados pasos. Mantener estos espacios de participación puede ser importante para preservar la sensación de competencia y favorecer la independencia.

El entorno también puede facilitar o dificultar

No todas las dificultades están exclusivamente en la persona. El entorno puede convertirse en una barrera o en un facilitador. Un espacio desorganizado, lleno de ruido o con demasiados estímulos puede aumentar la dificultad de determinadas actividades. Del mismo modo, unas instrucciones demasiado complejas pueden hacer que una tarea resulte innecesariamente difícil. Adaptar el entorno y las demandas de la actividad puede ayudar a que la persona utilice mejor las capacidades que conserva.

Rehabilitación cognitiva y actividades de la vida diaria

La rehabilitación cognitiva busca trabajar las dificultades cognitivas teniendo en cuenta cómo afectan al funcionamiento cotidiano. En este contexto, herramientas como Gradior Estimulación Cognitiva, integrada en Gradior Suite, permiten a los profesionales diseñar programas personalizados para trabajar funciones como la atención, la memoria, el lenguaje y las funciones ejecutivas.

El trabajo cognitivo puede formar parte de una intervención más amplia orientada a favorecer la participación y la autonomía, siempre adaptada a las necesidades y objetivos de cada persona.

Una intervención que tenga en cuenta a toda la persona

Las dificultades para realizar una actividad cotidiana no dependen únicamente de la dimensión cognitiva. Después de un daño cerebral pueden interactuar diferentes factores:

  • Cognitivos: memoria, atención o funciones ejecutivas.
  • Emocionales: frustración, inseguridad o dificultades de regulación emocional.
  • Sensoriales: sensibilidad a determinados estímulos.
  • Físicos: movilidad, equilibrio o coordinación.
  • Funcionales: capacidad para desenvolverse en las actividades de la vida diaria.

Por ello, el abordaje del daño cerebral requiere una perspectiva multidimensional y centrada en la persona.

Gradior Suite: trabajar las capacidades desde un enfoque multidimensional

Gradior Suite permite a los profesionales abordar la intervención desde un enfoque holístico que considera las dimensiones cognitiva, emocional, sensorial, física y funcional.

A través de Gradior Estimulación Cognitiva, los profesionales pueden trabajar diferentes funciones cognitivas mediante actividades personalizadas. Por su parte, Gradior Multisensorial incorpora experiencias inmersivas orientadas a la estimulación sensorial, el bienestar y la regulación emocional.

De esta manera, Gradior Suite puede complementar los procesos de intervención y rehabilitación, teniendo en cuenta que recuperar o mantener la autonomía implica mucho más que trabajar una capacidad de forma aislada.

Volver a hacer también significa volver a participar

Después de un daño cerebral, recuperar la capacidad para realizar una actividad cotidiana puede representar mucho más que completar una tarea. Preparar una comida, utilizar un teléfono, salir a comprar o planificar una actividad pueden significar recuperar autonomía, tomar decisiones y volver a participar activamente en la vida cotidiana. Por eso, la rehabilitación debe mirar más allá de los ejercicios y preguntarse cómo las capacidades trabajadas pueden trasladarse al día a día.



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