Cuando dejar de hacer cosas no significa falta de interés
Uno de los cambios que pueden aparecer en algunas personas con deterioro cognitivo es una disminución de la iniciativa. La persona que antes proponía actividades, comenzaba tareas o participaba espontáneamente puede empezar a permanecer más tiempo inactiva, necesitar que alguien le indique qué hacer o mostrar menos interés por actividades que anteriormente disfrutaba.
Desde fuera, esta situación puede interpretarse como falta de voluntad, pereza o desinterés. Sin embargo, detrás de esta pérdida de iniciativa pueden existir dificultades cognitivas, emocionales o funcionales que hacen que comenzar una actividad resulte más complicado.
Comprender qué está ocurriendo es importante para evitar culpabilizar a la persona y buscar estrategias que favorezcan su participación.
¿Qué es la pérdida de iniciativa?
La pérdida de iniciativa, también denominada apatía cuando existe una reducción persistente de la motivación y la conducta dirigida a objetivos, puede manifestarse de diferentes maneras.
La persona puede:
- Iniciar menos conversaciones.
- Dejar de proponer actividades.
- Necesitar indicaciones para comenzar una tarea.
- Mostrar menos interés por sus aficiones.
- Permanecer largos periodos sin realizar ninguna actividad.
- Participar cuando se le propone algo, pero no iniciar la actividad por sí misma.
- Mostrar menor iniciativa para relacionarse con otras personas.
Es importante diferenciar la apatía de la tristeza o la depresión. Aunque pueden coexistir, no son exactamente lo mismo y requieren una valoración profesional adecuada.
¿Por qué puede ocurrir en personas con deterioro cognitivo?
La pérdida de iniciativa puede estar relacionada con diferentes factores. En algunas personas, puede formar parte de los cambios asociados a determinadas enfermedades neurodegenerativas, mientras que en otras puede verse influida por dificultades cognitivas, emocionales o por el propio entorno.
- Dificultades para planificar: Una actividad que parece sencilla puede requerir varios pasos. Cuando existen dificultades en las funciones ejecutivas, organizar esos pasos, decidir por dónde empezar y mantener el objetivo puede resultar más complicado. Por ejemplo, preparar una comida implica decidir qué cocinar, buscar los ingredientes, organizar los utensilios y seguir una secuencia. Si estas capacidades están alteradas, la persona puede terminar evitando iniciar la actividad.
- Dificultades de atención: Mantener la atención también es necesario para comenzar y completar una tarea. Cuando existe dificultad para concentrarse, las actividades pueden resultar más exigentes y generar frustración.
- Cambios emocionales: La inseguridad, el miedo a equivocarse o la frustración ante las propias dificultades pueden hacer que la persona prefiera no iniciar determinadas actividades.
- Cambios en el entorno: Un ambiente con demasiados estímulos, instrucciones poco claras o actividades que no se adaptan a las capacidades de la persona también puede dificultar la participación.
No hacer algo no significa necesariamente que no quiera hacerlo
Esta es una de las ideas más importantes cuando hablamos de deterioro cognitivo y pérdida de iniciativa. Una persona puede querer participar en una actividad y, sin embargo, no ser capaz de iniciar los pasos necesarios para realizarla de manera autónoma. Por eso, decir simplemente «no quiere» puede ocultar la verdadera dificultad. En lugar de preguntar únicamente «¿por qué no lo hace?», puede ser más útil preguntarse:
¿Qué necesita para poder empezar? Quizá necesita una instrucción sencilla, que le preparen los materiales, que le ofrezcan dos opciones o que alguien inicie la actividad junto a ella.
Estrategias para recuperar la participación y la autonomía
Las estrategias deben adaptarse a las capacidades y preferencias de cada persona. Algunas pautas pueden ayudar:
- Proponer actividades significativas: Es más fácil favorecer la participación cuando la actividad tiene un significado personal. Cocinar una receta conocida, escuchar música, cuidar plantas o mirar fotografías familiares pueden resultar más motivadores que actividades completamente ajenas a sus intereses.
- Dividir las tareas: Una actividad compleja puede dividirse en pequeños pasos. En lugar de decir «vamos a preparar la comida», puede ser más sencillo comenzar con una indicación concreta: «vamos a sacar los ingredientes».
- Dar opciones sencillas: Ofrecer dos alternativas puede facilitar la toma de decisiones: «¿Prefieres escuchar música o dar un paseo?». Esto permite mantener la capacidad de elección sin generar una sobrecarga de decisiones.
- Mantener rutinas: Las rutinas proporcionan estructura y pueden facilitar que determinadas actividades se incorporen al día a día.
- Reforzar la participación: Valorar el esfuerzo y la participación, más que únicamente el resultado final, puede ayudar a mantener la motivación y la confianza.
- El entorno también importa: Cuando una persona presenta deterioro cognitivo, no solo es importante trabajar sus capacidades. También puede ser necesario adaptar el entorno. Un espacio demasiado ruidoso, una actividad con demasiadas instrucciones o una tarea excesivamente compleja pueden convertirse en barreras para la participación. Por el contrario, ofrecer un ambiente estructurado, instrucciones claras, tiempos adecuados y estímulos adaptados puede facilitar que la persona participe de forma más activa.
Estimulación cognitiva y participación activa
La estimulación cognitiva puede formar parte de las estrategias destinadas a mantener activas diferentes capacidades y favorecer la participación de la persona. Trabajar funciones como la memoria, la atención, el lenguaje o las funciones ejecutivas mediante actividades adaptadas permite plantear retos ajustados a las capacidades y necesidades de cada usuario.
En este contexto, Gradior Estimulación Cognitiva, ofrece a los profesionales una herramienta para diseñar programas personalizados de estimulación y rehabilitación cognitiva. Sus actividades permiten trabajar diferentes funciones cognitivas y adaptar el nivel de dificultad a la evolución de cada persona.
Además de trabajar las capacidades cognitivas, es importante que las actividades sean significativas, motivadoras y ajustadas a los intereses de la persona. De esta manera, la intervención puede contribuir a mantener una participación activa y a reforzar la confianza en las propias capacidades.
La estimulación cognitiva debe formar parte de un plan de intervención individualizado, diseñado y supervisado por profesionales en función de las necesidades y objetivos de cada persona.
¿Cuándo consultar con un profesional?
Una disminución persistente de la iniciativa, especialmente si supone un cambio respecto al funcionamiento habitual de la persona, merece ser valorada. Una valoración adecuada permite identificar las posibles causas y determinar qué tipo de intervención puede ser más apropiada.
Referencias:
Robert, P., Onyike, C. U., Leentjens, A. F. G., Dujardin, K., Aalten, P., Starkstein, S., Verhey, F. R. J., Yessavage, J., Allain, H., & Byrne, E. J. (2009). Proposed diagnostic criteria for apathy in Alzheimer’s disease and other neuropsychiatric disorders. European Psychiatry, 24(2), 98–104. https://www.cambridge.org/core/journals/european-psychiatry/article/abs/proposed-diagnostic-criteria-for-apathy-in-alzheimers-disease-and-other-neuropsychiatric-disorders/2D3CAA7BB4A40A5D54D93FC9A1B63969
van Reekum, R., Stuss, D. T., & Ostrander, L. (2005). Apathy: Why care? The Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences, 17(1), 7–19. https://psychiatryonline.org/doi/10.1176/jnp.17.1.7