Envejecer forma parte del ciclo de vida y trae consigo cambios en el cuerpo, en las rutinas y también en algunas funciones cognitivas. Sin embargo, existe una idea muy extendida que conviene desmontar: hacerse mayor no significa necesariamente perder las capacidades cognitivas.
Es normal que determinadas habilidades cambien con el paso de los años. Algunas personas pueden necesitar más tiempo para aprender información nueva, recordar determinados datos o procesar una situación. Pero estos cambios no significan automáticamente que exista un deterioro cognitivo o una enfermedad neurodegenerativa.
De hecho, muchas personas mayores mantienen una buena capacidad para aprender, tomar decisiones, comunicarse, establecer relaciones y desarrollar nuevas habilidades.
¿Qué cambia realmente cuando envejecemos?
El envejecimiento normal puede estar acompañado de modificaciones en algunas funciones cognitivas. Una de las más estudiadas es la velocidad de procesamiento, es decir, el tiempo que necesitamos para procesar información y responder ante ella.
También pueden producirse cambios en determinados aspectos de la memoria, la atención o las funciones ejecutivas. Sin embargo, estos cambios no afectan a todas las personas de la misma manera y pueden ser pequeños. Por ejemplo, una persona puede tardar más en recordar el nombre de alguien o necesitar más tiempo para aprender a utilizar una herramienta tecnológica. Eso no significa necesariamente que haya perdido la capacidad para hacerlo.
Más lento no significa menos capaz
Una de las confusiones más habituales es asociar rapidez con capacidad. Con la edad, algunas personas pueden procesar la información más lentamente. Sin embargo, eso no significa que no puedan comprenderla, aprenderla o utilizarla. Esta diferencia es importante porque puede cambiar la forma en la que acompañamos a las personas mayores. Darles tiempo para procesar una pregunta, tomar una decisión o aprender una nueva tarea puede ser más útil que asumir que “ya no pueden hacerlo”.
La investigación sobre envejecimiento cognitivo también señala que no todas las capacidades evolucionan de la misma manera. Algunas habilidades relacionadas con el conocimiento adquirido y el lenguaje pueden mantenerse relativamente bien a lo largo del envejecimiento.
La experiencia también cuenta
Envejecer no significa únicamente acumular cambios. También implica acumular experiencias, conocimientos y estrategias. El conocimiento adquirido durante años puede convertirse en un recurso importante para resolver problemas, comprender situaciones y tomar decisiones. Por eso, la capacidad cognitiva de una persona mayor no debería evaluarse únicamente observando si recuerda rápidamente un nombre o una fecha.
El conocimiento previo, el contexto y las estrategias que utiliza también forman parte de su funcionamiento cognitivo.
Aprender cosas nuevas sigue siendo posible
Las personas mayores pueden aprender nuevas habilidades y crear nuevos recuerdos. El National Institute on Aging recoge que el aprendizaje de nuevas habilidades y la participación en actividades sociales pueden contribuir a mantener activa la mente.
Aprender a utilizar una herramienta digital, comenzar una actividad artística, estudiar un idioma, tocar un instrumento o participar en una actividad nueva son ejemplos de experiencias que implican diferentes procesos cognitivos. La clave no está en intentar que el cerebro funcione exactamente como cuando éramos jóvenes, sino en seguir utilizándolo, plantearle retos adecuados y mantener la participación en actividades significativas.
Envejecer no es lo mismo que desarrollar demencia
La demencia no forma parte normal del envejecimiento. Según la Organización Mundial de la Salud, aunque la edad es uno de los principales factores de riesgo, la demencia no es una consecuencia inevitable de hacerse mayor.
En el envejecimiento normal pueden aparecer pequeños cambios en memoria, atención o velocidad de procesamiento. En cambio, la demencia implica un deterioro de las capacidades cognitivas que interfiere significativamente con las actividades cotidianas y la autonomía de la persona.
Por eso, no debemos normalizar cualquier cambio importante atribuyéndolo simplemente a la edad.
¿Y qué papel tiene la estimulación cognitiva?
Mantener una mente activa forma parte de un envejecimiento saludable. Pero hablar de estimulación cognitiva no significa únicamente realizar ejercicios de memoria. La cognición engloba diferentes capacidades: atención, memoria, orientación, lenguaje, percepción, razonamiento, cálculo y funciones ejecutivas, entre otras.
Además, el envejecimiento saludable debe entenderse desde una perspectiva amplia. La OMS define el envejecimiento saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. Esta capacidad depende tanto de las capacidades físicas y mentales de la persona como del entorno en el que vive.
Por ello, mantener la participación social, aprender, tomar decisiones, realizar actividad física y cuidar la salud general también forman parte de cuidar nuestra salud cognitiva.
No se trata de volver atrás, sino de seguir avanzando
Envejecer no consiste en intentar mantener exactamente las mismas capacidades que teníamos décadas atrás. Se trata de adaptarnos a los cambios, conservar nuestras capacidades y continuar desarrollando aquellas que podemos seguir utilizando y fortaleciendo.
Una persona mayor puede necesitar más tiempo para aprender algo nuevo, pero eso no significa que no pueda aprender. Puede olvidar ocasionalmente un nombre, pero seguir teniendo un amplio conocimiento del mundo. Puede cambiar su manera de resolver un problema y, al mismo tiempo, utilizar la experiencia acumulada durante toda una vida para encontrar una solución.
Una intervención cognitiva adaptada a cada persona
Desde esta perspectiva, la estimulación cognitiva debe tener en cuenta las características, capacidades y necesidades de cada persona.
Gradior Estimulación Cognitiva permite trabajar diferentes funciones cognitivas mediante actividades y programas adaptados, incluyendo atención, memoria, orientación, percepción, lenguaje, cálculo, razonamiento y funciones ejecutivas.
Porque envejecer no significa dejar de aprender, decidir, participar o relacionarse. La edad puede cambiar algunas capacidades, pero no define todo lo que una persona todavía puede hacer, aprender y aportar.