El edadismo es la discriminación, los prejuicios o los estereotipos que se producen hacia una persona por razón de su edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define a partir de tres dimensiones: lo que pensamos (estereotipos), lo que sentimos (prejuicios) y cómo actuamos (discriminación) respecto a otras personas o respecto a nosotros mismos por su edad.
Aunque suele relacionarse especialmente con las personas mayores, el edadismo puede afectar a personas de cualquier edad. De hecho, la OMS señala que está presente desde etapas tempranas de la vida y puede aparecer en diferentes ámbitos de la sociedad.
Por eso, preguntarnos qué es el edadismo no consiste únicamente en hablar de discriminación. También implica revisar algunas de las ideas que tenemos interiorizadas sobre lo que una persona puede, debe o no debe hacer dependiendo de su edad.
El edadismo también está en las pequeñas cosas
No siempre es fácil identificar el edadismo. Puede aparecer en situaciones aparentemente cotidianas y que, precisamente por estar tan normalizadas, pasan desapercibidas. Por ejemplo, asumir que una persona mayor no va a entender una nueva tecnología antes de explicársela, hablarle con un tono excesivamente infantil, decidir por ella sin preguntarle qué quiere o pensar que ya no tiene capacidad para aprender son comportamientos que pueden estar relacionados con estereotipos sobre la edad.
También puede manifestarse en el entorno laboral, en los medios de comunicación, en la atención sanitaria o en las propias relaciones familiares. La OMS destaca que el edadismo puede darse a nivel institucional, interpersonal y también de forma autodirigida.
Cuando la edad se convierte en una expectativa
Uno de los problemas del edadismo es que puede establecer de antemano unas expectativas sobre las capacidades de una persona. Si asumimos que envejecer significa necesariamente perder memoria, dejar de aprender o necesitar ayuda para tomar decisiones, podemos terminar tratando a todas las personas mayores como si tuvieran las mismas necesidades.
Sin embargo, envejecer no significa que todas las personas experimenten los mismos cambios ni que desaparezcan sus capacidades. Las trayectorias de envejecimiento son diversas y están condicionadas por numerosos factores. Por eso es importante diferenciar entre los cambios asociados al envejecimiento normal y las situaciones en las que existe un deterioro cognitivo o una enfermedad. La edad, por sí sola, no permite determinar las capacidades de una persona.
¿Puede existir edadismo hacia uno mismo?
Sí. El edadismo no siempre viene de los demás. La OMS también habla de edadismo autodirigido, que aparece cuando las personas interiorizan estereotipos relacionados con la edad y los aplican a sí mismas.
Pensar «ya soy demasiado mayor para aprender esto», «a mi edad ya no puedo cambiar» o «es normal que no pueda hacerlo porque soy mayor» puede parecer una reflexión personal, pero también puede estar relacionada con ideas sociales que hemos aprendido a lo largo del tiempo. Cuestionar estas creencias no significa negar los cambios que pueden acompañar al envejecimiento. Significa evitar que la edad se convierta en una limitación anticipada.
Edadismo y autonomía
Ayudar a una persona cuando lo necesita es diferente de asumir que necesita ayuda simplemente por ser mayor. Del mismo modo, proteger no debería significar sustituir sistemáticamente su capacidad para decidir. Preguntar, escuchar y respetar las preferencias de cada persona son acciones sencillas que permiten mantener su participación en las decisiones que afectan a su propia vida. En este sentido, combatir el edadismo también significa crear entornos que permitan a las personas seguir desarrollando sus capacidades y participando activamente en la sociedad.
¿Cómo podemos combatir el edadismo?
La OMS señala que existen estrategias eficaces para combatir el edadismo, entre ellas las políticas y leyes, las intervenciones educativas y las iniciativas que favorecen el contacto entre generaciones. Pero también podemos empezar por revisar nuestro propio lenguaje y nuestras expectativas. Preguntarnos si estamos tomando una decisión por la persona o por su edad, evitar generalizaciones y no dar por hecho que una persona no puede aprender, decidir o participar son pequeños pasos que ayudan a construir una sociedad más inclusiva.
Envejecer no debería significar tener menos oportunidades
Hablar de qué es el edadismo es, en definitiva, hablar de cómo entendemos la edad y el envejecimiento. Las personas no deberían quedar definidas por una cifra ni por los estereotipos asociados a ella.
Promover un envejecimiento activo y saludable implica también generar oportunidades para mantener la autonomía, la participación y las capacidades de cada persona, teniendo en cuenta sus necesidades individuales.
En este contexto, Gradior Suite apuesta por una intervención multidimensional que contempla las diferentes dimensiones de la persona, permitiendo adaptar el trabajo a las necesidades y características de cada persona, favoreciendo intervenciones centradas en sus capacidades y no únicamente en su edad.
Porque combatir el edadismo también significa cambiar la pregunta: no se trata de preguntarnos únicamente «¿qué puede hacer una persona de esta edad?», sino «¿qué puede hacer esta persona y qué necesita para seguir desarrollando sus capacidades?».