Cuando hablamos de demencia, existe un dato que llama especialmente la atención: hay más mujeres que hombres entre las personas que viven con esta condición. Pero ¿significa esto que las mujeres tienen necesariamente un riesgo mucho mayor de desarrollar demencia?
La respuesta es más compleja.
La Organización Mundial de la Salud señala que la demencia afecta de manera desproporcionada a las mujeres. Además de presentar una mayor carga de discapacidad y mortalidad asociada a la enfermedad, las mujeres también asumen una parte muy importante de los cuidados de las personas con demencia.
Pero detrás de estas diferencias hay varios factores que conviene analizar.
La edad: el principal factor de riesgo
La demencia está estrechamente relacionada con el envejecimiento. Aunque no es una consecuencia inevitable de hacerse mayor, el riesgo aumenta considerablemente con la edad.
Y aquí encontramos una primera pieza importante para entender la diferencia entre hombres y mujeres, las mujeres viven más años que los hombres, en promedio.
Por tanto, hay más mujeres que alcanzan edades en las que la demencia es más frecuente. Esto contribuye de manera importante a que el número total de mujeres que viven con demencia sea superior al de hombres. La Alzheimer’s Association señala precisamente que la mayor longevidad femenina es una de las explicaciones principales de esta diferencia.
Esto permite hacer una distinción importante, que haya más mujeres con demencia no significa automáticamente que ser mujer sea, por sí solo, la causa de ese mayor número de casos.
¿Y qué ocurre cuando comparamos a hombres y mujeres de la misma edad?
Las diferencias observadas no pueden explicarse únicamente por la esperanza de vida. Los investigadores estudian también si existen diferencias en el riesgo de desarrollar determinados tipos de demencia cuando hombres y mujeres tienen edades similares.
La evidencia todavía no permite ofrecer una única explicación. Se están investigando posibles diferencias biológicas, genéticas, hormonales y relacionadas con las experiencias vitales. La Alzheimer’s Association señala que, aunque la mayor supervivencia explica una parte importante de la diferencia, los investigadores también estudian si existen diferencias en el riesgo por edad.
Por tanto, hablar de demencia en mujeres requiere tener en cuenta más de una variable.
El Alzheimer tiene un peso importante en esta diferencia
No todas las demencias tienen la misma causa. La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y representa aproximadamente entre el 60 % y el 70 % de los casos, según la OMS.
En Estados Unidos, casi dos tercios de las personas que viven con Alzheimer son mujeres. Los datos de la Alzheimer’s Association también muestran que el riesgo acumulado de desarrollar Alzheimer varía según el sexo, aunque la relación entre sexo, edad, supervivencia y riesgo individual sigue siendo objeto de investigación.
Esto es importante porque cuando hablamos de la mayor presencia de mujeres entre las personas con demencia, una parte considerable de la conversación está relacionada con la enfermedad de Alzheimer.
Factores de riesgo: no todo es biología
La demencia no tiene una única causa. La OMS identifica diferentes factores asociados con un mayor riesgo, entre ellos hipertensión, diabetes, obesidad, inactividad física, consumo nocivo de alcohol, tabaquismo, aislamiento social, depresión, pérdida auditiva o visual y traumatismos craneoencefálicos.
Algunos de estos factores pueden estar condicionados por circunstancias sociales y económicas que han sido diferentes para hombres y mujeres a lo largo de distintas generaciones. Por ejemplo, las oportunidades educativas, la trayectoria laboral, los ingresos, las responsabilidades familiares o el acceso a determinados recursos sanitarios no han sido iguales para todas las generaciones.
Por eso, cuando se estudia la demencia, cada vez resulta más importante considerar la interacción entre factores biológicos y sociales.
La educación y la reserva cognitiva
La educación es uno de los factores asociados al riesgo de demencia que se estudian en el contexto de la reserva cognitiva.
Durante gran parte del siglo XX, las mujeres de determinadas generaciones tuvieron menos oportunidades educativas que los hombres. Estas desigualdades históricas pueden ser relevantes cuando analizamos las diferencias actuales entre hombres y mujeres mayores. Sin embargo, no significa que una menor educación determine que una persona vaya a desarrollar demencia. Los factores de riesgo son múltiples y están relacionados entre sí.
Además, las nuevas generaciones presentan trayectorias educativas diferentes, por lo que las diferencias observadas hoy no necesariamente serán iguales en el futuro.
Las mujeres no solo viven con la demencia, también cuidan
Existe otra diferencia que a veces queda fuera de las estadísticas sobre personas diagnosticadas. Las mujeres están sobrerrepresentadas entre quienes proporcionan cuidados a personas con demencia. La OMS estima que las mujeres realizan alrededor del 70 % de las horas de cuidados que reciben las personas con demencia.
Esto significa que la relación entre mujeres y demencia tiene dos dimensiones: muchas mujeres viven con la enfermedad y, al mismo tiempo, muchas otras desempeñan funciones de cuidado. El impacto puede afectar al tiempo disponible, la vida laboral, las relaciones sociales, el descanso y el bienestar de quienes cuidan.
Demencia en mujeres: mirar más allá de las cifras
Los datos muestran claramente que las mujeres están desproporcionadamente representadas entre las personas que viven con demencia. En Europa, las estimaciones más recientes de Alzheimer Europe para 2025 calculan aproximadamente 8 millones de mujeres frente a 4,1 millones de hombres con demencia en el conjunto de países de la UE y otros países europeos incluidos en su análisis. Pero la cifra no cuenta toda la historia.
La mayor longevidad femenina explica una parte importante de la diferencia, mientras que las posibles diferencias biológicas y las experiencias sociales y ambientales a lo largo de la vida continúan siendo objeto de investigación. Por eso, hablar de demencia en mujeres implica ir más allá de preguntar por qué hay más casos. También significa analizar cómo se previene, cómo se detecta, cómo se interviene y cómo se acompaña a cada persona.
Un enfoque centrado en la persona
La intervención cognitiva puede formar parte del abordaje de las personas con deterioro cognitivo y demencia, siempre teniendo en cuenta sus capacidades y necesidades individuales.
En este contexto, Gradior Estimulación Cognitiva permite trabajar diferentes funciones cognitivas, como atención, memoria, orientación, percepción, lenguaje, cálculo, razonamiento y funciones ejecutivas, mediante actividades y programas adaptados.
Porque detrás de las cifras sobre la demencia en mujeres hay personas con historias, capacidades, preferencias y necesidades diferentes. Comprender esas diferencias es fundamental para avanzar hacia una atención más personalizada y centrada en la persona.
Referencias:
Organización Mundial de la Salud (OMS). (2026). Demencia. Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dementia
Alzheimer Europe. (2026). Prevalence of Dementia in Europe 2025. Alzheimer Europe. https://www.alzheimer-europe.org/resources/publications/prevalence-dementia-europe-2025
Alzheimer Europe. (2026). Prevalence of dementia in Europe. Alzheimer Europe. https://www.alzheimer-europe.org/dementia/prevalence-dementia-europe
World Health Organization (WHO). (2021). Global status report on the public health response to dementia. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/9789240033245
World Health Organization (WHO). (2021). World failing to address dementia challenge. https://www.who.int/news/item/02-09-2021-world-failing-to-address-dementia-challenge