¿Es mejor el ejercicio físico o la meditación?
Cuando hablamos de cuidar la salud mental, es habitual buscar una actividad que nos ayude a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo o afrontar mejor las preocupaciones del día a día. Entre las opciones más conocidas encontramos el ejercicio físico y la meditación.
Pero plantearlo como una competición entre ambas puede llevar a una falsa elección. El ejercicio y la meditación actúan de maneras diferentes y pueden complementarse.
La elección dependerá de las características, preferencias y necesidades de cada persona, así como de la situación concreta en la que se encuentre.
¿Cómo puede ayudar el ejercicio físico a la salud mental?
La actividad física no beneficia únicamente al organismo. También puede contribuir al bienestar psicológico. Entre sus posibles beneficios encontramos:
- Favorecer un mejor estado de ánimo.
- Ayudar a reducir el estrés.
- Facilitar el descanso y el sueño.
- Favorecer la interacción social cuando se realiza en grupo.
- Aportar sensación de logro y autonomía.
- Mantener la actividad y participación en la vida cotidiana.
Además, realizar actividad física de manera regular puede formar parte de un estilo de vida saludable que contribuya al bienestar general.
No es necesario realizar ejercicio de alta intensidad. Caminar, bailar, montar en bicicleta, nadar o realizar ejercicios adaptados también pueden formar parte de una vida físicamente activa.
¿Qué aporta la meditación?
La meditación engloba diferentes prácticas que pueden entrenar la atención y favorecer una mayor conciencia del momento presente.
Una de las aproximaciones más conocidas es el mindfulness, que propone prestar atención a la experiencia presente con una actitud de observación y aceptación.
Estas prácticas pueden ayudar a:
- Dirigir la atención hacia el momento presente.
- Reconocer pensamientos y emociones.
- Favorecer la relajación.
- Desarrollar estrategias de regulación emocional.
- Reducir la tendencia a reaccionar automáticamente ante determinadas experiencias.
La meditación tampoco tiene que consistir necesariamente en permanecer sentado durante largos periodos. Existen diferentes prácticas y ejercicios que pueden adaptarse a las características de cada persona.
¿Y si combinamos ambas?
No es necesario elegir.
Una rutina saludable puede incluir actividad física y prácticas de atención o relajación. Por ejemplo, una persona puede salir a caminar varios días por semana y dedicar unos minutos al día a una práctica de mindfulness.
Esta combinación permite trabajar diferentes aspectos del bienestar: movimiento, descanso, atención, gestión emocional y conexión con el entorno.
Además, existen muchas otras actividades que pueden contribuir al bienestar: mantener relaciones sociales, aprender cosas nuevas, disfrutar de aficiones, estar en contacto con la naturaleza o participar en actividades culturales.
Salud mental: mucho más que una sola actividad
Es importante recordar que ninguna actividad por sí sola garantiza una buena salud mental.
El bienestar psicológico depende de múltiples factores, circunstancias personales, relaciones sociales, hábitos de vida, situación económica y laboral, salud física, experiencias vitales y acceso a apoyo profesional, entre otros.
El ejercicio físico y la meditación pueden ser herramientas complementarias, pero no sustituyen la atención profesional cuando existe un problema de salud mental que requiere evaluación o tratamiento.
Tecnología, estimulación y bienestar emocional
La tecnología también puede complementar determinadas intervenciones orientadas al bienestar, especialmente cuando se utiliza con objetivos definidos y bajo la orientación de profesionales.
En este ámbito, Gradior Suite integra herramientas que permiten abordar diferentes dimensiones de la persona. Gradior Multisensorial utiliza experiencias inmersivas orientadas a la estimulación sensorial, el bienestar y la regulación emocional.
Este tipo de experiencias pueden utilizarse como apoyo profesional en situaciones en las que se busca favorecer estados de calma, trabajar la regulación emocional o mejorar el foco atencional mediante diferentes estímulos sensoriales.