Enfermedad mental y problemas de memoria: ¿realmente es falta de memoria?

una mujer practicando la meditación como técnica de cuidado de la salud mental en casa

¿Te ha pasado alguna vez que entras en una habitación y no recuerdas qué ibas a hacer? ¿O que alguien te cuenta algo y, poco después, eres incapaz de recordar los detalles? Los problemas de memoria suelen interpretarse rápidamente como una señal de que nuestra capacidad para recordar está fallando. Sin embargo, la memoria no funciona de manera aislada.

Para recordar una información necesitamos prestar atención, procesarla, almacenarla y, posteriormente, ser capaces de recuperarla. Por eso, determinadas situaciones relacionadas con la salud mental, el estrés, el sueño o el estado emocional pueden influir en nuestro rendimiento cognitivo sin que necesariamente exista un problema primario de memoria.

Para recordar, primero hay que prestar atención

Uno de los errores más habituales es confundir un problema de atención con un problema de memoria.

Imaginemos que alguien nos habla mientras estamos preocupados por otra cuestión. Escuchamos sus palabras, pero nuestra atención está parcialmente ocupada por nuestros propios pensamientos. Después, cuando intentamos recordar la conversación, podemos tener la sensación de que “se nos ha olvidado”.

Sin embargo, quizá la información nunca llegó a procesarse adecuadamente.

La atención desempeña un papel fundamental en el aprendizaje y en la posterior recuperación de la información. Por eso, cuando existen dificultades para mantener la concentración, es posible experimentar problemas de memoria aunque el origen esté en otro proceso cognitivo.

Estrés y ansiedad: cuando la mente está en demasiadas cosas a la vez

El estrés forma parte de nuestra vida cotidiana y, en determinados momentos, puede afectar a nuestra capacidad para concentrarnos.

Cuando la mente está constantemente ocupada por preocupaciones, pensamientos anticipatorios o situaciones que generan tensión, mantener la atención sobre una tarea puede resultar más complicado. Esto puede traducirse en pequeños olvidos cotidianos: no recordar dónde hemos dejado algo, perder el hilo de una conversación o necesitar más tiempo para recuperar una información.

Esto no significa que cualquier episodio de ansiedad implique un deterioro de la memoria. Significa que el estado emocional puede interferir en los procesos cognitivos que necesitamos para aprender y recordar información.

Depresión y funcionamiento cognitivo

Cuando hablamos de depresión, solemos pensar principalmente en tristeza, pérdida de interés o cambios en la motivación. Sin embargo, algunas personas también pueden experimentar dificultades cognitivas.

Problemas de concentración, sensación de pensamiento más lento, dificultades para tomar decisiones o problemas para mantener la atención pueden influir en el rendimiento de la memoria.

Por ejemplo, una persona puede leer varias veces una página y descubrir después que apenas recuerda lo que ha leído. En estos casos, antes de concluir que existe una pérdida de memoria, es importante preguntarse si la información se procesó correctamente desde el principio.

Dormir mal también puede afectar a cómo recordamos

El sueño y la memoria están estrechamente relacionados. Dormir mal puede hacer que al día siguiente resulte más difícil mantener la atención, procesar información o aprender nuevos contenidos.

Por eso, después de varios días de descanso insuficiente, es relativamente frecuente experimentar esa sensación de “tener la cabeza en otra parte”.

Nuevamente, esto no significa necesariamente que exista una alteración de la memoria. En determinadas circunstancias, puede tratarse de una disminución temporal del rendimiento cognitivo relacionada con el descanso, la atención o la fatiga.

¿Problemas de memoria o problemas para recuperar la información?

La memoria tampoco consiste simplemente en “guardar” información.

Para que un recuerdo pueda utilizarse necesitamos diferentes procesos: aprender la información, almacenarla y recuperarla cuando sea necesario.

Por eso podemos encontrarnos con situaciones como tener una palabra “en la punta de la lengua”, reconocer a una persona pero no recordar su nombre o saber que conocemos un dato sin conseguir recuperarlo en ese momento.

Estos fenómenos no tienen por qué significar que la información haya desaparecido. En ocasiones, la dificultad está precisamente en acceder a ella.

La velocidad de procesamiento también importa

Otra cuestión que puede confundirse con los problemas de memoria es la velocidad de procesamiento.

Algunas personas necesitan más tiempo para comprender una pregunta, organizar la información o responder. Desde fuera, puede parecer que no recuerdan algo, cuando en realidad necesitan unos segundos adicionales para procesar y recuperar la información.

Por eso, una valoración neuropsicológica no debería centrarse exclusivamente en la memoria. Analizar diferentes funciones cognitivas permite comprender mejor dónde se encuentra la dificultad.

¿Cuándo deberíamos prestar atención a los problemas de memoria?

Los olvidos ocasionales forman parte de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando las dificultades son frecuentes, progresivas o empiezan a interferir en las actividades habituales, conviene prestarles atención.

También es importante observar si afectan a la autonomía, al trabajo, a las relaciones sociales o a la capacidad para realizar tareas que anteriormente se llevaban a cabo sin dificultad.

Ante una preocupación persistente, una valoración profesional puede ayudar a determinar qué funciones cognitivas están implicadas y qué factores pueden estar influyendo.

Trabajar la cognición más allá de la memoria

Esta perspectiva también cambia la manera de entender la estimulación cognitiva. Si una persona presenta dificultades para recordar, no siempre tiene sentido trabajar únicamente ejercicios de memoria.

Puede ser necesario abordar también la atención, la percepción, la orientación, el lenguaje, el razonamiento o las funciones ejecutivas, dependiendo de las necesidades de cada persona.

En este sentido, Gradior Suite permite plantear una intervención neuropsicológica desde una perspectiva multidimensional, teniendo en cuenta las diferentes capacidades cognitivas de la persona.

Dentro de la suite, Gradior Estimulación Cognitiva permite trabajar diferentes funciones cognitivas mediante actividades adaptadas y programas personalizados. La intervención puede abordar memoria, atención, orientación, percepción, cálculo, lenguaje, razonamiento y funciones ejecutivas, entre otras capacidades.

Porque cuando alguien dice “tengo problemas de memoria”, la pregunta no debería ser únicamente “¿cómo podemos mejorar su memoria?”, sino también “¿qué está ocurriendo en el proceso que le permite aprender, procesar y recuperar esa información?”.

Entender esta diferencia es el primer paso para plantear una intervención más ajustada a las necesidades de cada persona.



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